Cuando sabes que estás embarazada, te llenas de
preguntas y cuestionamientos respecto a las cosas que se vienen y cómo estas
irán cambiando tu rutina, tus días, y en resumen, tu vida, dentro de las
cuales, la que más resuena y puede complicar es ¿qué pasará con mi hij@ cuando vuelva al
trabajo?
En muchos casos, algunos familiares podrán
hacerse cargo del niñ@ mientras los padres trabajan, asumiendo el rol de
cuidadores mientras el o los adultos responsables del niñ@ trabajan o estudian según
sea el caso. Nosotros, ambos trabajamos, y además, nuestras familias no son de
Santiago, por lo que la opción de que se quedara en la casa con algún familiar
estaba absolutamente descartada. Barajamos otras alternativas que, unas en más
y otras en menos tiempo, también no fueron consideradas.
Una de
las otras opciones era que alguno de los dos no trabajara ni ejerciera su
profesión, y se quedara en casa a cargo de nuestro hijo, pero la verdad, a
ambos nos gustan nuestras profesiones, y consideramos que posponernos en
nuestra realización en el área, no solo podría frustrarnos, sino que este mismo
sentimiento, podría ser transmitido a nuestro hijo, y preferimos que tenga
padres felices y realizados, lo que es más beneficiosos para él. (Acá no juzgo
a quienes deciden posponerse o se sienten realizados sólo en un rol, sino que
es una opción muy personal).
Otra opción era
buscar a alguien que lo cuidara en la casa, pero acá es donde encontramos más
peros. Primero ¿Qué pasa si esta persona, por muy de confianza que sea, hace
algo que pueda dañar a nuestro hijo? Y es un gran tema, más cuando son bebés y
no se comunican con tanta claridad. Y lo segundo, ¿Cómo podría estimularlo si,
quizás, no cuenta con las herramientas para ello?
Nos decidimos por
la sala cuna, aprovechando que en mi trabajo nos dan este beneficio. Así que,
como buena mamá primeriza, me puse a buscar en internet respecto a jardines
cerca de mi casa, sus recomendaciones, opiniones, y principalmente, reclamos.
La lista se fue achicando, así que con los más de diez que me quedaban, empecé,
teléfono en mano, a llamar para preguntar por distintas cosas que creía
importante, y para ver, más o menos, que tenía la sala cuna. Luego, empecé a ir a conocerlos con mi
hijo, coche en mano, caminamos y
recorrimos varios jardines, y ¡Sorpresa! En varios nos pillamos que te atienden
puerta afuera, y ni siquiera dejaban entrar a las oficinas, salvo que uno
concertara una cita… cosa que me hizo sospechar, quizás de puro perseguida que
soy, pero no me daba buena sensación el
no poder conocer el futuro lugar donde quizás, estaría mi hijo.
Ya después de un
tiempo, elegimos una sala cuna donde nuestro hijo se sintió cómodo enseguida,
las tías fueron amorosas, pudimos conocerlos e ir todas las veces que quisiéramos, y fueron transparentes respecto a sus
equipamientos, servicios, infraestructura y metodologías desde un principio.
Llegó el primer
día, y mis nervios eran muchos, creo que ni dormí la noche anterior. Esas
cuadras de camino, junto a BabyMariano y la Sami (perra), se hacían eternas…
llegamos y todo cambió, una sonrisa de parte de nuestro hijo hacia la tía, y
ella lo esperaba con una tarjetita y con tod@s sus compañerit@s ansiosos de
conocerlo. Lo dejé, y fueron un par de horas donde, reconozco, dormí
profundamente. Cuando iba camino a buscarlo, pensaba en tantas preguntas que
quería hacer respecto a cómo estuvo, pero llegué, entré a su sala ( ya que es
una sala cuna puertas abiertas) y ahí estaba en su silla muy entretenido y un
par de niñ@s moviéndole unos monitos para hacerlo reír. Debo confesar que el
alivio fue inmediato. A todo esto, la Sami, recorrió toda la sala cuna y entró
también a buscarlo.
Ya han pasado mas de dos meses de este primer
día, y les puedo decir que Marianito, se despierta medio flojo, pero cuando
vamos en el ascensor y sabe que salimos a su sala cuna, comienza a reírse solo.
Una vez llegamos, le estira los brazos a la tía, su amiga Trini y su amigo
Diego lo salen a recibir con un beso, y sigue ahí moviendo sus piernas y brazos
y lleno de risas… muchas veces ni me mira, así que me acerco y le doy un beso
de despedida, el que también, en varias
ocasiones, ni se da cuenta. Sigo camino a la oficina, y no puedo pensar en lo
feliz y tranquila que me deja que, cada uno de estos días que lleva en la sala
cuna, llega y se va riendo de esta, por lo que noto disfruta estar ahí. Esto,
además lo puedo corroborar, porque se ha quedado en casa por algún motivo, se
aburre, empieza a mañosear hasta que
salimos a pasear o a la plaza y ve más niñ@s.
Que
les puedo recomendar, muy desde mi experiencia como mamá, y en parte, como
psicóloga, en este proceso de la sala cuna
- Buscar, buscar y buscar… revisar comentarios, preguntar a cercanos, ver si hay reclamos, y verificar si cuenta con registro Junji.
- Recorrer, lejos lo más importante. Ir a la sala cuna, ver cómo te atienden, si puedes entrar, si hay disponibilidad y facilidad para conocerla. Para mí, esto es fundamental, ya que creo que, en un lugar que funciona adecuadamente, no debiese existir horarios para conocerlo. Entendiendo que uno no quiere entorpecer la rutina de los alumnos, sino poder ver el lugar y conversar con alguien que te de mayor información del funcionamiento, metodologías etc.
- Preguntar sin vergüenza… esto porque muchas veces nos da cosa preguntar algo porque creemos que es absurdo, pero ¡No! Es mejor salir de todas las dudas respecto al lugar que elegir donde se quedará el niño.
- Ver el reglamento, como funciona en caso de emergencia y si contestan el teléfono. Piensa que, en alguna situación quizás quieras saber cómo está tu hijo, y si no contestan, es difícil saberlo.
- Más que fijarse si es un lugar muy amplio, moderno y con una infraestructura de lujo, es ver si es cómodo, adecuado para los niños, hogareño y con un ambiente que le permita no sentirse solo en un espacio enorme, es decir, priorizar un espacio que, quizás no sea el más moderno, pero que uno sienta, le acomoda (y que obviamente, cumpla con lo necesario como baños, sala para la leche, cocina, etc.)
- Fijarse, y mucho, en el feeling que tu hijo tenga con las tías y con el lugar. En este punto, confié en la intuición de BabyMariano, y me quedé con el lugar donde él se sintió cómodo desde el minuto que entró a conocerlo.
- Averiguar de actividades, días que no atienden, etc. ello porque algunos lugares cierran en vacaciones, y esto muchas veces no coincide con las vacaciones que podemos tomarnos en nuestro trabajo.
- Preguntar cómo eligen a las tías y cuánto tiempo llevan trabajando en el jardín. ( La rotación del personal dice mucho respecto a un lugar)
- Que sea puertas abiertas, es decir, que uno pueda ir a ver a su hijo cuando lo necesite o quiera, sin tener que estar pidiendo autorización para entrar. En este punto, también es relevante que las salas sean visibles, que todos puedan observar en que están.
- ver precio y calidad, much@s nos ofrecen talleres de miles de cosas, como yoga, reiki, teatro, artesanía, idiomas, matemáticas, etc. y honestamente ¿ es necesario que mi hijo aprenda tooodoo durante su estadía en la sala cuna? ¿ lo sabrá y podrá aprovechar? he aquí es lo que nosotros queremos exigirles como papás, y ver si queremos que aprenda pero que también tenga tiempo de jugar y descansar, o si queremos que sea una super guagua que haga de todo, aun cuando no tenga ni idea lo que le están enseñando o practicando.
- Finalmente, y esta es la parte más difícil, relajarse. Uno como mamá, papá o cuidador, debe ser capaz de transmitir este sentimiento al niñ@ en el proceso de adaptación a la sala cuna, ya que si estamos muy ansiosos, sobreprotectores, nos notan que no queremos dejarlos, es muy probable que se den cuenta y se les dificulte este proceso.
Un abrazo
Consuelo (Mamá de BabyMariano y Psicóloga)
A continuación les dejaré un par de páginas con
información y/o tips que pueden servirles en este proceso.

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